EL SINUOSO CAMINO DE LA POLITICA COMÚN MIGRATORIA (Las políticas migratorias son inviables? experiencia en la Unión Europea[1])
Ada Lattuca[2]
Universidad Nacional de Rosario
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rtega y Gasset explicó acertadamente que “el crecimiento de la población es el fenómeno más revolucionario de nuestro tiempo”. Es muy probable que en nuestra actualidad tal afirmación la hubiese remitido no tanto al crecimiento sino a la movilidad, esto es a las migraciones como el hecho más impactante[3].
Las migraciones internacionales han crecido de modo exponencial de 75 millones en 1965 ha saltado a 200 millones la cantidad de personas que habitan fuera de sus hogares. No obstante más allá de este fenómeno en sí mismo ya impactante no está preocupando tanto esta circunstancia como su índice de crecimiento y su distribución. El agravamiento de las situaciones estructurales que las originan y reproducen acrece el potencial migratorio hasta límites sin precedentes, especialmente en determinadas regiones como los Estados Unidos y la Unión Europea[4].
Sabido es, que las migraciones no son un hecho excepcional en el arco de la humanidad. Siempre ha habido desplazamientos individuales y grupales, Recordemos la gesta de Moisés al trasladar a todo un pueblo. Además, la relación entre movilidad y asentamiento es tan antigua como el mundo. Pero, aunque la especie humana no es una especie migrante, como es el caso de las especies migrantes del resto del mundo animal, hablando en términos demográficos podemos decir que las migraciones son uno de los tres fenómenos que conforman la evolución de una población junto con los nacimientos y las defunciones. Y no olvidemos decir que las migraciones han sido vehículo de transmisión de ideas, costumbres, intercambio tecnológico, artístico y culinario.
El fenómeno actual se caracteriza por la reversión de la tendencia de siglos pasados: antes las migraciones fluían de los países del norte o más industrializados hacia los países del sur o menos industrializados. Actualmente, observamos un proceso inverso: las personas se desplazan de países menos industrializados, a más industrializados, de países con índices mínimos de producción a países con altos niveles de PIB, de países con altas tasas de natalidad, a países con menores tasas de natalidad, de países con elevados índices de desempleo, a países con niveles aceptables de empleo, en fin de países con graves problemas de pobreza, a otros con mejores niveles de vida. Ocurre, que la globalización de los medios de comunicación y el conocimiento más cercano de cómo se vive en las zonas más ricas del planeta, son un poderoso acicate que representa la cara visible y a veces engañosa del bienestar. Esta atracción comporta, por lo general, graves situaciones de discriminación donde suele suceder que los derechos humanos están lamentablemente ausentes. Es la cara oculta del proceso, ya que muchos de los destinos de las personas que optan por la emigración conllevan explotación laboral, humillaciones personales y persecución legal.
Este enorme caudal demográfico está constituido por jóvenes, niños y en gran proporción (un 48%) por el sexo femenino[5] que se convertirá en el “renuevo” generacional en los países de destino con acusado envejecimiento progresivo de su población[6]. Es un proceso que no tiene miras de detenerse y que cubre todo el planeta.
Aunque, no sólo es económica la motivación del abandono de sus respectivos países originarios, diremos que se suman el estado latente de guerras parciales, de incertidumbre, de terrorismo, en fin, de miedo. El destino de sus esperanzas se sitúa en los centros más desarrollados como los Estados Unidos -si bien postergado ante las medidas restrictivas dictadas a causa del 11S- y la Unión Europea (UE) convertida en el paradigma del “Estado de Bienestar”.
Hablar de mundialización de la economía (o de globalización o de geoeconomía), indica que los operadores económicos se mueven de modo creciente y acelerado en un mercado de dimensiones mundiales, sin límites y sin fronteras. Esto es, donde las empresas compiten a escala global con el objeto de conquistar un gran mercado consumidor, con ofertas cada vez más novedosas de productos y servicios, reducción de precios, promovidos y transportados por las nuevas tecnologías de la información, que se traduce en una competición mundial de mercancías, usos, culturas, modos de trabajo, y formas de Estado[7]. En un mundo donde existen 40.000 empresas de las cuales 400 entre las más importantes, controlan casi la mitad del volumen de los negocios globales, dan una idea que las fronteras nacionales no representan un elemento obstaculizador de la economía.
Este panorama transfronterizo ofrecido por el sistema globalizado de la economía y que incide sobre el quehacer diario de los habitantes del planeta, lleva en sí mismo la producción de otro fenómeno transportado por grandes fracciones de la humanidad que intenta asomarse, compartir y disfrutar de una distribución de los ingresos[8].
Desde 1950 Europa no ha dejado de ser receptora de inmigración. No obstante, el comportamiento migratorio ha sido heterogéneo. La zona central (Bélgica, Dinamarca, Alemania, Francia, Luxemburgo, Holanda y Austria) sería el primer foco de atracción de inmigración, seguida por el norte de Europa (Irlanda, el Reino Unido, Finlandia y Suecia). A su vez, los países mediterráneos (España, Italia, Portugal y Grecia) han experimentado un cambio radical, pasando de ser proveedores de emigrantes a receptores de inmigrantes en unas décadas. El caso de España es destacable, ya que desde 1997 ha sido el país que más ha aportado al saldo migratorio neto en la UE-15 (véase la Tabla 1). En el año 2003, España, Italia y Portugal recibieron la mitad del saldo migratorio neto de toda la UE. En 2004 el saldo migratorio de España representaba prácticamente el 40% del de la UE.
Según las cifras publicadas por el Instituto Nacional de
Estadística, con carácter provisorio, la población residente en España al 1º de
enero de 2007 ascendía a 45.120.000 personas. De ellos 40.630.000 son extranjeros
y 4.480.000 extranjeros., conformando casi el 10% de la población total. Por su
origen, las comunidades más numerosas son los marroquíes (576.000), rumanos
(525.000), ecuatorianos (421.000), británicos (314.000) y colombianos
(259.000). Aunque son cantidades aproximadas, puesto que en ellas no se contabilizan
los sin papeles[9]
.
Instituto Nacional de Estadística, con carácter provisorio,
la población residente en España al 1º de enero de 2007 ascendía a 45.120.000
personas. De ellos 40.630.000 son extranjeros y 4.480.000 extranjeros., conformando
casi el 10% de la población total. Por su origen, las comunidades más numerosas
son los marroquíes (576.000), rumanos (525.000), ecuatorianos (421.000), británicos
(314.000) y colombianos (259.000). Aunque son cantidades aproximadas, puesto
que en ellas no se contabilizan los sin papeles[10]
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El período de apogeo de los desplazamientos temporarios se produjo en el escenario europeo durante la década del ’60, correspondiendo al incremento de la economía en el norte europeo con las aspiraciones de los pobladores sureños. Una vasta y esperanzada humanidad de los “hermanos pobres” de Europa, se trasladó para aprovechar la gran oferta de trabajo y la excelente remuneración ofrecida.
Por cierto, que aquella situación de bienestar evidente en los grandes centros industriales atrajo también a pueblos enteros de Turquía y del norte de África, animados de similares razones a la de sus vecinos europeos.
La apertura de los países huéspedes fue magnánima y sin restricciones. La necesidad de reconstruir el devastado continente, de emplear mano de obra no calificada y de aprovechar “los foráneos recursos humanos” para labores menospreciadas por los dadores de trabajo, resolvió la situación de los promotores de la inmigración. Fue así, que durante la década señalada y los primeros años de 1970 el traslado masivo, para algunas poblaciones, se convirtió en un hecho habitual, dando inicios a la articulación de una vasta y continua cadena parental.
Pero, a raíz de la crisis petrolera del ‘73 y de otras posteriores, la Comunidad Europea, comenzó a entornar, en otros casos a clausurar la benévola hasta el momento política de inmigración, sin esbozar programas conjuntos, sino adoptando cada Estado Miembro decisiones alternativas y coyunturales, imbricadas en no pocas casos, con diversas conveniencias políticas y afanes electoralistas. Con lo cual se subordinaba, para fines disvaliosos, uno de los pilares fundamentales del sistema comunitario, como es el de asegurar el cumplimento de la libre circulación de las personas, con su justo corolario de ingresar, residir y trabajar en un Estado Miembro distinto del propio.
De allí, que fuera saludado con gran expectativa el Acuerdo firmado en Schengen una pequeña localidad luxemburguesa (14/06/1985) por la República Federal de Alemania, Francia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, cuyo objetivo era permitir el libre acceso en las fronteras interiores de todos los ciudadanos de los Estados Miembros y la libre circulación de mercancías y servicios. A partir del 2001 se aplica en todos los países, menos en Irlanda y Gran Bretaña. De los nuevos incorporados en el año 2004, los ratificaron 9 de ellos con la excepción de Chipre[11].
El 1º de mayo del 2004 fue saludado con una fiesta monumental que asombró a todos los espectadores personales y televidentes del mundo, el hecho de la anunciada y por fin concretada ampliación europea. Allí se incorporaron definitivamente 8 países de Europa Central y Oriental y dos islas mediterráneas. Fue la mayor ampliación que se ha producido y que eleva el número de miembros de 15 a 25, con una población de más de 450 millones de habitantes, superior a la suma de Estados Unidos y Rusia.
Los 10 nuevos miembros Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y la República Checa, son más pobres que la media de la UE, y la principal prioridad de la Unión ampliada es acercar sus condiciones de vida a la de los demás países de la Unión tan rápidamente como sea posible. La ampliación significó un 20% más de población, un 25% de superficie y el 0,5 de riquezas.
Otros dos países, Bulgaria y Rumania que solicitaron la adhesión en la misma época que los anteriores Estados finalizaron su preparación y se incorporaron a principios de 2007.
Las negociaciones continúan. Los acuerdos con el tercer candidato Turquía, cuya población se calcula en 70 millones de habitantes y su nivel de vida asciende al 25% de la media europea, (índices similares a los de Bulgaria y Rumania) se concretarán cuando haya cumplido con los llamados criterios políticos en cuanto a los derechos humanos, la democracia y el estado de derecho, así como el respeto y la protección de las minorías.
Pero sin embargo, no será esta la última ampliación, hay otros futuros miembros potenciales: ubicados en los Balcanes occidentales: Albania y los países de la antigua Yugoslavia (Croacia, Macedonia, Bosnia y Herzegovina, Serbia y Montenegro)
Según los datos que aporta continuamente el Eurobarómetro, se señalaba ya en el período anterior a la ampliación, el disgusto de la población comunitaria al esgrimir como argumentos prioritarios: la competitividad en el trabajo, así como la pérdida de la identidad. Otros saludaban con gran regocijo este aporte demográfico en vista al envejecimiento acelerado que se está produciendo en Europa continental[12].
Claro está, que al ingresar en la categoría de miembro pleno y según uno de los pilares fundamentales como ha sido desde hace tiempo en la UE la defensa de la circulación de las personas el problema se agrava y tiene aun plena vigencia. En especial, porque ello se podría solucionar con la ansiada política común aplicada a los inmigrantes de terceros países de todos los Estados Miembros, asignatura aun pendiente. Ni siquiera el texto del fenecido Tratado Constitucional vislumbraba esta posibilidad
La búsqueda de una política de inmigración común en los
países de la Unión Europea no resulta tarea sencilla. La iniciativa de las
instituciones de la UE orientada a adoptar respuestas comunes al fenómeno de la
inmigración procedente de terceros países es relativamente reciente y, además,
representa un grado de dificultad grande debido a que cada país se mantiene
firme en ejecutar su propia política de inmigración. La problemática, asimismo,
tiende a complicarse debido al temor de que ingresen países, algunos
fronterizos con los 10 nuevos Estados y compliquen la situación socio económica
del bloque.
Rusia, Ucrania, Bielorusia, Serbia-Montenegro forman el nuevo contorno
fronterizo de la Unión Europea, cuyos gobiernos comunistas mantienen una
situación política, económica y social de crispación. Por lo tanto, la UE se ha propuesto confeccionar una frontera común con el objetivo de apagar una emergente
explosión de inmigrantes de los países ex soviéticos y de la ex Yugoslavia.
Al respecto, los 15 Estados miembros de la UE abordaron el estudio de las actitudes a asumir frente a la “movilidad de trabajadores” consagrada en la normativa europea. Y surgieron restricciones con el objeto de evitar la probable “avalancha” desde los 10 nuevos socios. Así acordaron, la mayoría de ellos que recién después de 2011 habría libre circulación en el bloque de personas procedentes de Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia y República Checa. Las restricciones no se aplicarían a los trabajadores chipriotas y malteses, cuyas economías son más florecientes que el resto de los nuevos miembros.
El ámbito de la UE atrae a los inmigrantes por el nivel de vida y por la insuficiencia de trabajadores en algunos sectores importantes como la agricultura o la construcción, hotelería, restaurantes e incluso conductores de camiones, en el caso de España, o mano de obra cualificada en países como Francia o Alemania. Y en otros sectores del campo laboral que no quieren desempeñar los europeos.
En el contexto de la movilidad internacional de trabajadores, los ejes prioritarios de actuación comunitaria han sido la libertad de circulación de trabajadores nacionales de Estados miembros de la UE y los desplazamientos comunitarios en el marco de la libertad de prestación de servicios.
Ahora bien, la repercusión práctica de la libertad de circulación de trabajadores ha sido escasa en comparación con la libertad empresarial o la prestación de servicios, en cuyo marco se desarrolla la mayoría de los desplazamientos de trabajadores comunitarios en la UE. Asimismo, la movilidad de terceros países que buscan empleo en ella ha aumentado ostensiblemente, debido a que sus rentas son considerablemente menores a la media europea y, de esta forma, ayudan en sus hogares con un capital obtenido desde fuera.
Por otra parte, los inmigrantes envían a sus países de origen casi 100.000 millones de dólares al año, tres veces más que la contribución de las naciones ricas en Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Por cierto, que los inmigrantes producen riqueza en donde trabajan, de otro modo los empresarios no los contratarían. Para algunos países en desarrollo, las remesas representan la segunda fuente de financiación. Con lo cual resulta quimérico pensar en una colaboración plena de los países expulsores de recursos humanos, en el sentido de desanimar a sus habitantes en el proceso migratorio.
Es de hacer notar, que las remesas son envíos privados de dinero, de una persona a su familia, luego lo que hagan con el dinero es decisión personal. En no pocas ocasiones se destinan a productos superfluos o a la construcción de una casa o a objetos que sirven para aparentar. De lo cual es verdad que se reducen los índices de pobreza, pero se incrementan las desigualdades internas.
Un factor de atracción para los inmigrantes resulta del hecho que en algunos países como Italia y España haya muchos empresarios dispuestos a contratar a precios bajos (e ilegales) a los desesperados que huyen de la miseria de sus países para buscar una vida más digna. Si se redujera la contratación ilegal de éstos los flujos bajarían, pero las economías sumergidas tendrían problemas para subsistir y recordemos que ella representa en los países mencionados del 20% al 30% del PIB oficial, según diversas estimaciones.
La Comisaria Europea de Relaciones Exteriores Benita Ferrero-Waldner expresó en setiembre de 2006, en la reunión ministerial de los ocho países mediterráneos de la Unión Europea que “las posiciones ante el fenómeno de la inmigración son muy diferentes entre los 25 Miembros. No será fácil conciliar posiciones entre los socios europeos a la hora de afrontar el problema migratorio mediante una política europea común de inmigración e integración. Reconoció que las posiciones son disímiles pero la solución debe ser de los Veinticinco para ser cada vez más un actor global. Son ellos los que tienen que apostar por una política común[13]
Si miramos atentamente la cantidad y diversidad de los distintos sistemas armados por los gobiernos y su validez, nos encontramos que no existe una real correspondencia. Al parecer las políticas declaradas oficialmente pueden ser distintas de las reales intenciones. Suele suceder, que una generosa distracción o inadvertencia conviene quizás a los países y empleadores de mano de obra barata. En muchas circunstancias la erección de fronteras se convierte en un verdadero símbolo. El gobierno está en la necesidad y quizás en la obligación de comunicar a sus ciudadanos la manifestación de políticas restrictivas en una retórica procontrol o hasta se llega a pensar en discursos anti inmigración (como es el caso de Italia), en tanto que mantienen el mercado de trabajo sumergido.
El número de personas muertas tanto en el camino cuanto en el interior de lo que se ha dado en llamar eufemísticamente “espacio de libertad, seguridad y justicia” crece sin freno alguno[14].
Pero además, debemos preguntarnos acerca de la sustentabilidad de las políticas migratorias. Es claro, que este avance constante y creciente del aporte extranjero no va a cesar. Al contrario, mediante la inmigración, los países están conectados por redes que cubren el globo y facilitan nueva migración, lo que explica que ésta sea fácil de iniciar pero difícil de ser contenida. En tanto, la política de los Estados reacciona coyunturalmente a veces de modo pasivo y otros restrictivos, sin llegar a lo profundo del problema con medidas de larga duración, comunes y coherentes.
Asimismo, cabe destacar que los costos que estas medidas de control confrontan con los valores esenciales sustentados -o al menos declarados- por la comunidad internacional. ¿Hasta qué punto pueden coexistir tales medidas con el funcionamiento de las democracias? Es que ¿hay una “guerra” de la inmigración? Nos preocupamos, lamentamos y denunciamos la masacre vivida en la lucha libanesa israelí, o en los territorios de Irán e Irak, pero no percibimos con la misma sensibilidad el exterminio que cada día padecen los inmigrantes, a causa de las desigualdades sociales y las leyes injustas. Las imágenes dramáticas, inhumanas que a diario se suscitan son suficientemente explicativas.
Hacia fines del año 2006 se puso en funcionamiento un plan de control organizado por la agencia FRONTEX (red de patrullas aeronavales destinada a desacelerar el ritmo in crescendo de la inmigración ilegal. En principio, se hará un control para chequear la documentación, la identidad y el motivo del viaje, si el pasajero levanta alguna sospecha, se pueden alegar razones para denegar su entrada, Pero, la decisión final sobre qué hacer con los casos detectados corresponde a las autoridades locales. Si éstas deciden rechazarlos será enviado de vuelta lo más rápido posible. El patrullaje continuo de una fuerza que supera los varios centenares de hombres, 116 barcos, 27 helicópteros y 21 aviones se está dedicando actualmente a reforzar la vigilancia en la frontera sur de la Unión Frontex es una agencia de la Unión Europea, pero no tiene poder ejecutivo, pues la inmigración es competencia de cada uno de los 27 estados que forman el bloque.
El vicepresidente de la Comisión Europea en el área de Libertad, Seguridad y Justicia Franco Frattini se manifestó muy satisfecho por los resultados de este programa que ha logrado detener centenares de embarcaciones con inmigrantes sin documentación y más de 20 traficantes de seres humanos, de allí que ha declarado que la operación se mantendrá hasta fines de 2007.
Sin embargo, es sabido que a medida que se cierran fronteras y surgen obstáculos al ingreso de inmigrantes, se constituyen nuevas vías de apertura. Recientemente se ha descubierto otro punto de expulsión situado en Conakry, la capital de Guinea, donde existe un grupo muy nutrido de emigrantes asiáticos esperando partir en chatarras hacia Europa[15]. Se tienen noticias ciertas que en la actualidad existen miles de asiáticos –cuya cifra es indeterminable- procedentes de países como Sri Lanka, India o Paquistán, que han llegado vía aérea a Guinea - Conakry esperando zarpar hacia las costas europeas.
Llama la atención que a esta altura de las circunstancias Frattini haya declarado en una Conferencia celebrada en la Eurocámara y denominada “Creando estrategias migratorias” que no sólo las leyes podrán resolver el problema migratorio con éxito sino que se debe cambiar la mentalidad de las personas apreciando la oportunidad y riqueza cultural que ofrece la inmigración. Se manifestó conforme con la implementación de una tarjeta azul que conforma un permiso de empleo limitado para trabajadores cualificados. Aunque finalizó diciendo que tanto el número como la categoría de los inmigrantes es competencia de cada país.
El verdadero nudo de la cuestión no está en el plantearse si se necesita o no la inmigración, sino en la capacidad de integración que procure.
En tanto, algunos funcionarios como el recientemente electo, Nicolás Sarkozy ha propuesto al Parlamento una ley para contrarrestar los efectos de la inmigración que contiene los siguientes puntos: privilegia a los inmigrantes diplomados, hace obligatoria la firma de un “contrato temporal de acogida y de integración”, abroga el derecho a regularizar la situación de los clandestinos con más de diez años de permanencia en el país, limita el reagrupamiento familiar y los matrimonios mixtos como medio a la naturalización.
En la actualidad, la cuestión de la inmigración se halla en el centro de las preocupaciones políticas de todos los responsables europeos. Siempre que Europa decide abordarlo se reúnen los ministros del Interior como si la inmigración se considerara un peligro para la seguridad de los ciudadanos, una amenaza de invasión a sus mismas puertas. Asimismo, es muy opaca y poco convincente la profusión de directivas respecto del asilo o refugiado de los inmigrantes. En gran número se los interna en los centros de detención temporal, que se convierten en centros penitenciarios. Las personas allí detenidas no han cometido ningún delito. Una simple falta administrativa- carecer de papeles- los condenan a una sanción que resultaría inadmisible si se respetara el derecho inalienable de las personas y las variadas declaraciones de Convenciones y Cumbres organizadas al efecto[16].
Es menester que responsables políticos y sociales con una visión del futuro basada en el respeto y la dignidad tracen urgentemente las líneas de esta nueva política. Se tendrán que entablar negociaciones entre los países europeos y los que poseen población candidata a la inmigración, barriendo de su ánimo y disposición todo aquello que recuerde los hábitos coloniales y los prejuicios que esconde un racismo sutil.
Otro de los temas controvertidos es el derecho a voto que gozan los inmigrantes. Respecto de la participación que tienen en las únicas elecciones populares a nivel europeo, las elecciones del Parlamento europeo, está negada. Es verdad, que algunos Estados han reconocido el derecho de voto a escala local para los extranjeros, pero al negar igualdad de derechos a la participación política a los residentes – en las elecciones a las Cámaras de representación de la Nación- es la afirmación que la ciudadanía en Europa continúa subordinada a la idea nacional, visión trasnochada que mantenía la fenecida Constitución y la nueva denominada Tratado de Lisboa. Y así, los campeones de la libertad comercial y de la supresión de las barreras para las finanzas y el comercio levantan las barreras de la Nación, excluyendo de la comunidad política a los extranjeros[17].
Se quiera o no, los europeos no vivirán en una isla; habrán de mezclarse y conocer otras culturas, otras maneras de vivir y abrigar esperanzas.
Se tratará de aprender a convivir, de aceptar al otro para que pueda, a su vez, aceptar las leyes y costumbres de estos países. Sin esta pedagogía cotidiana, humilde y sincera, sin esta voluntad de igualdad en el trato y de respeto a los derechos y los deberes, sin esta determinación a acabar con la herencia colonial, Europa cometerá un grave error si sigue improvisando las políticas de inmigración, basadas todas ellas en la preocupación por la seguridad, la rentabilidad y el egoísmo. Circunstancia que no puede menos que favorecer el extremismo religioso, convertido en refugio identitario.
Estamos ante un fenómeno que difícilmente puede ser gestionado en forma autónoma por cada país, en una UE sin fronteras interiores (a excepción del Reino Unido, y los nuevos países miembros que aun no se han incorporado totalmente al espacio Schengen). Sin embargo, y a pesar de la importancia que actualmente se está otorgando a las cuestiones migratorias en el orden del día europeo, las dificultades para avanzar en una verdadera política común de inmigración son de difícil resolución.
El Parlamento Europeo al considerar que la gravedad de la situación confirma el fracaso de la política migratoria en la Unión Europea elevó (el 25-09-2006) al Consejo y a la Comisión una Propuesta de Resolución en la que describe puntualmente los acuciantes problemas a resolver manifestando, “…su profunda preocupación por el desarrollo de medidas comunitarias represivas antes de que se haya definido una política común en materia de inmigración legal Recuerda que una política europea de inmigración coherente debe ir acompañada de una política europea de integración que permita sobre todo una integración regular en el mercado de trabajo, el derecho a la educación y a la formación, el acceso a los servicios sociales y sanitarios, así como la participación de los inmigrantes en la vida social, cultural y política; insta, por consiguiente, a los Estados miembros, a la Comisión y al Consejo a que hagan todo lo posible por reconocer el derecho de voto en las elecciones locales y europeas a los inmigrantes que residan, como mínimo, desde hace cinco años en la Unión Europea; Lamenta que el Consejo no haya sido capaz de definir una política común en materia de inmigración y haya preferido mantener el procedimiento de consulta para todas las cuestiones relacionadas con la inmigración legal, pese a las numerosas peticiones que le ha hecho el Parlamento[18]..
El agitado y por momentos tenebroso escenario actual caracterizado por rigurosos controles, discursos represivos, confusión política, metodologías extravagantes, incertidumbre ante el futuro, parecería que los derechos humanos que reflejan la universalidad y la diversidad tienden a ser entendidos, en muchos casos, sólo como particularidad, y con frecuencia soslayados por el culto hacia una utilidad que arroga el material estimativo de la justicia y que debilita la obtención del más alto valor a nuestro alcance: la humanidad.
Es necesaria una política de integración que tenga en cuenta la incidencia real de la llegada de inmigrantes en el mercado laboral, en la sanidad, en la educación, en el sistema de pensiones en los servicios sociales, en las estructuras de participación, en la cohesión social y en el propio modelo de convivencia de un Estado determinado[19].
Creo señores que es buen tiempo para mirar hacia adelante y con ideas estimulantes entender ¿qué hacemos con los inmigrantes? ¿Los desechamos o procuramos reciclarlos convertirlos en personas, con deberes y también con el respeto a sus derechos por su condición humana?
[1] En base al Curso de Diplomado dictado por la autora en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile (junio 2007)
[2] Profesora Titular de la Facultad de Derecho. Investigadora de la Carrera del Investigador Científico del Consejo de Investigaciones de la UNR.
[3] ORTEGA Y GASSET, José, Temas de nuestro tiempo, en Obras Completas, t. III, Madrid, Revista de Occidente , 1962.
[4] América del Norte que acogió a 13 nuevos millones pasó de 28 en 1990 a 41 en el 2000, en tanto que Europa con 8 millones saltó de 48 a 56 millones de inmigrantes.
[5] RIBAS MONTES, Natalia, Una invitación a la Sociología de las migraciones, Barcelona, Bellaterra, 2004.
[6] LATTUCA, Ada, La errática poilítica migratoria, en Revista del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales de la Facultad de Derecho, U.N.R., n.3, años-2006/2007, Impresión electrónica.
[7] Ello presupone según la bibliografía especializada la hipótesis sobre la fragilidad y debilitamiento en el área económica del Estado que da lugar actualmente a un interesante debate con los economistas que piensan en un robustecimiento del rol estatal a través de nuevos modos de inserción en el proceso. ALTANA, Gabriele, Mondializzazione e intervento statale nell’economia. Verso un governo mondiale dell’economia?, Affari Sociale, Milano, nº2, pag 51. También, MARC, Alexandre, El porvenir de Europa y otros ensayos, Madrid, CEC, 1994.
[8] ABAD MÁRQUEZ, Luis Vicente, Las migraciones internacionales, ¿una oportunidad para el desarrollo? El autor examina en profundidad el rol que pueden llegar a jugar las emigraciones en sus países de origen remarcando la importancia de una relación equilibrada entre países receptores y expulsores de caudal humano. En particular, analiza el papel que las remesas tendrían en la financiación de los procesos de crecimiento y desarrollo. www.de.scientificcommons.org , 2006.
[9] A la hora de calcular cuántos extranjeros sin papeles hay en España, habría que “sumar un 10%, e incluso más en el caso de rumanos y búlgaros», según el portavoz del sindicato policial CEP, Rodrigo Gavilán, asegura que a través de los Pirineos entran cada día 2.000 extranjeros que no son ciudadanos comunitarios. Paradójicamente, la comunidad marroquí, la más numerosa en cuanto a tarjetas de residencia y empadronamientos, queda relegada a un segundo plano a la hora de hablar de extranjeros indocumentados en territorio español. Ecuatorianos, rumanos, colombianos y argentinos —en este orden— son las principales nacionalidades que engrosan las bolsas de la inmigración de esa categoría. Ver APARICIO, Sonia, Más de un millón de ilegales, www.elmundo.es/especiales/2005.
[10] A la hora de calcular cuántos extranjeros sin papeles hay en España, habría que “sumar un 10%, e incluso más en el caso de rumanos y búlgaros», según el portavoz del sindicato policial CEP, Rodrigo Gavilán, asegura que a través de los Pirineos entran cada día 2.000 extranjeros que no son ciudadanos comunitarios. Paradójicamente, la comunidad marroquí, la más numerosa en cuanto a tarjetas de residencia y empadronamientos, queda relegada a un segundo plano a la hora de hablar de extranjeros indocumentados en territorio español. Ecuatorianos, rumanos, colombianos y argentinos —en este orden— son las principales nacionalidades que engrosan las bolsas de la inmigración de esa categoría. Ver APARICIO, Sonia, Más de un millón de ilegales, www.elmundo.es/especiales/2005.
[11] Para diciembre de 2007 se fija la eliminación de los controles fronterizos interiores, así como los controles fronterizos interiores en las fronteras terrestres y marítimas. En marzo de 2008 se procederá su eliminación en los aeropuertos.
[12] LATTUCA, Ada, La tolerancia de lo intolerable en los espacios integrados, en Revista Derecho de la Integración, del Centro de Estudios Comunitarios de la Facultad de Derecho, U.N.R., n.15, Rosario, Sudamérica Impresos, 2004.También de la autora, Medio siglo de la Unión Europea. ¿Asignaturas pendientes? (Artículo en homenaje al Profesor Werter Faria de Brasil, En prensa por la Comisión de Homenaje, del Instituto de Investigaciones de Derecho Internacional, Brasil)
[13] PEREZ MONEREO, Antonio y MARTINEZ ABASCAL, Vicente, La política europea del derecho de asilo, Barcelona, Tirant Lo Blanche, 2006.
[14] La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía cifra en más de 3.000 los inmigrantes muertos en su trayecto marítimo hacia Canarias, desde enero a diciembre de 2006. Pero a esas muertes habría que sumar las del Mediterráneo y todas las del trayecto terrestre hasta las costas africanas y las fronteras orientales de la UE.
[15] Esta ruta no está controlada por Frontex y es muy probable que los emigrantes logren su cometido aunque sea en chatarras, dispuestas para el desguace. www.lagacetadecanarias.net, del 19 de setiembre de 2007.
[16] PISARELLO, Gerardo y APARICIO, Marco, Multiplicar las fronteras. Externalizar el control, Revista virtual Pueblo Kaos, www.kaosenlared.net del 22 de setiembre de 2007.
[17] MONEREO PEREZ, José Luís, Ciudadanía social y política inmigratoria en la Unión Europea, Granada, Comares, 2005.
[18] Propuesta de Resolución del Parlamento Europeo del 25 de setiembre de 2006.B6-0508/2006.
[19] LATTUCA, Ada, Movimientos migratorios y la integración social, en Derecho de la Integración, cit., n.16, Rosario, Sudamérica Impresos, 2004